Santaelisabeth

La Cuaresma

    UN TIEMPO PRIVILEGIADO: LA CUARESMA (RB 49)

  • Objeto y Estructura del Capitulo 49:

    En el capitulo anterior ha segregado San Benito del horario de invierno el correspondiente a la cuaresma, simplemente para juntar en dos bloques compactos el tiempo dedicado a la lectura (tres horas consecutivas al principio del día) y al trabajo (siete horas segidas), a lo que añadió unas observaciones sobre la lectio cuaresmal (RB 48,14-16). Es muy posible que esto le haya movido a redactar a continuación todo un capitulo sobre la observancia de la cuaresma, tiempo fuerte del año liturgico, al que sin duda, profesaba especial devoción y concedia singular importancia para la renovación espiritual de los monjes.

    Casiano decia que la cuaresma es el “diezmo” que los seglares deben pagar anualmente al Señor; enfrascados como están de ordinario en sus negocios y placeres, se les obliga a consagrar al servicio de Dios por lo menos esos días; pero los monjes estan exentos del pago del diezmo legal, puesto que han hecho donación a Dios de toda su vida juntamente con todo lo que poseian; la cuaresma fue instituida solo para los imperfectos, no para los justos; prueba de ello es que no existió mientras se mantuvo inviolada la perfección de la Iglesia primitiva (Conl. 21,24-30).

    Hombre practico según Jesucristo, San Benito sabe muy bien que a los monjes, hombres que aspiran a la santidad pero hombres al fin y al cabo, les viene muy bien, como a todo el mundo, este periodo de renovación e intensificación de la vida cristiana, que todos los años prepara a los catecumenos para el bautismo, y a los fielas, para la celebración digana de la Pascua del señor. Escribía, pues, su capitulo sobre la cuaresma más perocupado de subrayar su importancia e insistir en el espiritu que debe animar sus observancias, que de fijar puntualmente las practicas penitenciales de la comunidad monastica y determinar con exactitud en que debe consistir la intensificación de su vida de oración.

    El capitulo 49, perteneciente, más bien, al grupo ascetico y espiritual que a la parte propiamente legislativa y disciplinar de la Regla, presenta la siguiente estructura:

    1.-Esboza el ideal cuaresmal (v.1-3)

    2.-Indica una primera serie de medios para conseguir el fin de la cuaresma (v.4)

    3.-Propone un pragrama de ascesis, con otras dos listas de practicas penitenciales y unas observaciones importantes sobre el espiritu que debe penetrarlas (v.5-7).

    Aqui, con mucha probabilidad, terminaba el capitulo en su primera redacción. Luego se le añadió un apendice, en que se puntualiza la parte del Abad en el programa cuaresmal de cada uno de los monjes (v.8-10).

  • El Ideal (RB.41,1-3):

    “La vida del monje debería corresponder a una observancia cuaresmal”. Cuaresma significa, ante todo, un tiempo en que se vive en toda su pureza e integridad la vida cristiana, o, por lo menos, se intenta seriamente. Hombre practico y realista, San Benito no ignora que son pocos los dotados de bastante fortaleza de espiritu para mantenerse enteramente fieles al Evangelio durante todo el año. De ahí que durante la cuaresma no solo deben procurar vivir sinceramente como monjes utenticos, sino que sería preciso añadir unas practicas penitenciales que compensen y borren las negligencias cometidas en lo restante del año. Tal es, en suma, el ideal cuaresmal para el monje: portarse enteramente como tales y borrar con sus practicas las faltas e infidelidades que hubieran cometido desde la cuaresma anterior.

  • Practicas Cuaresmales (RB 49,4):

    He aquí una primera lista indicativa de cosas que podrían y deberían hacerse para alcanzar el objetivo de la cuaresma. Ante todo, reprimir los vicios, luchar contra ellos denodadamente, y, de ser posible, extirparlos de raiz. Este es uno de los fines del ascetismo cristiano. El otro consiste en plantar y cultivar las virtudes.

    En realidad, ambos fines se alcanzan al conmbatir los vicios, pues vencer a cada uno de ellos equivale a adquirir la virtud contraria. Pero ademá hay que dedicarse con especial ahinco a ciertas practicas. En esta primera lista, San Benito señala cuatro. Tres de ellas constituyen otros tantos elementos positivos y espirituales:

    .-oracion con lagrimas

    .-lectura divina

    .-ompunción de corazón

    La cuarta es somática y negativa:

    .-abstinencia, es decir privación del alimento.

    Aumentar la intensidad y la frecuencia con las que éstas practicas se realizan durante el resto del año.

  • Programa de Cuaresma (RB 49,5-7):

    Hasta aqui nos hemos mantenido, más o menos, en el ámbito de la teoria. Es preciso descender a la practica. Durante la ccuaresma añadamos algo a la tarea ordinaria: “oraciones privadas”, abstinencia en la comida y en la bebida (v.5); es decir, un elemento espiritual positivo y otro corporal negativo, más especificado que en la lista anterior: privarse de comida y bebida. Más adelante, en la tercera lista solo se tratará de la abstinencia; ante todo, cercenar algo en el comer y en el beber, pero también privarse de sueño, de conversaciones y de chocarrerias o chanzas (v.7). Esto ultimo puede sorprender a los muy “logicos”: ¿no había desterrado la Regla para siempre y absolutamente las scurrilitates al tratar del silencio? ¿Cómo reaparecen ahora, no para reprobarlas de nuevo, sino para sugerir tan sólo que se repriman un poco (aliquid) durante la cuaresma? Una cosa es la teoría y otra la practica. En la vida existen personas “naturalmente” graciosas, a las que privarles absolutamente de hacer chistes, casi equivale a privarles de respirar. Basta que se moderen un poco, por lo menos en cuaresma.

    Entre las dos ultimas listas inserta la Regla una observación de gran interes: las practicas cuaresmales que se mencionan no son impuestas obligatoriamente a todos los monjes por la autoridad de la Regla o del Abad, sino simples sugerencias que se dejan a la elección de cada cual. La Regla ignora totalmente un programa preciso y obligatorio para la comunidad entera. Se trata de obras que cada cual ofrecerá a Dios voluntariamente y con “gozo del Espiritu Santo (v.6); lo que es decir que las practicas cuaresmales no revisten, según la Regla un caracter tenso, penoso y triste, sino agil y gozoso; no son un peso suplementario sino muestras de generosidad que, cada uno expontanea y libremente, quiere dar a su Señor en compensación de sus negligencias y deficiencias, que lamenta profundamente. De este modo la cuaresma se llena de luz y alegría y todas sus penitencias se convierten en una preparación para el gran día: “que espere (el monje) la Santa Pascua con el gozo de un anhelo Espiritual” (v.7).

  • Apéndice (RB 49,8-10):

    Sanctum Pascha expectet. Con estas palabras se cerraba el capitulo en su primera redacción. Luego, San Benito, añadió un apéndice. Acaso algunos monjes se aprovechasen de la libertad de elección que se les daba para llevar a cabo asceticas proezas. Lo cierto es que la Regla, sin menoscabo de esa libertad, vuelve por los derechos de la obediencia. Los planes cuaresmales de los monjes deben ser sometidos a la aprobación del Abad y realizados con su beneplácito y su oración. Es esta una idea muy propia del monacato primitivo: el discipulo atribuia a la oración de su “padre espiritual”, requerida antes de emprender cualquier buena obra, el exito de la misma. San Benito se mantiene, pues, en la linea de la tradición autentica. Y termina con un principio de alcance general: “Todo debe hacerse con el consentimiento del Abad”; frase que nos acerca a RB 67,7 que nos recuerda que nada debe hacerse en el monasterio, nada absolutamente, sin la autorización del Abad.

  • San Benito y San León:

    A excepción del apendice, de contenido y espiritu estrictamente cenóbitico, el capitulo sobre la cuaresma depende en gran manera tanto de las ideas como del vocabulario de los sermones cuaresmales de San León Magno. Esta influencia es tan notable, que ha podido afirmarse, que su contextura está calacada sobre la predicación del gran papa.

    El contraste inicial que establece San Benito entre la vida que se lleva en cuaresma y la más descuidada del resto del año, no sólo aparece en el primer sermón de San León, sino que reparece hasta diez veces en los siguientes.

    Que en cuaresma se borran gracias a la penitencia, las negligencias de los otros tiempos del año; que hay que abstenerse, sobre todo de los vicios; que se debe añadir algo a las buenas obras que se realizan normalmente; que hay que privar al cuerpo de la comida: todo lo había enseñado ya San León en su predicación cuaresmal. Y lo mismo con respecto a los temas del servicio del Señor y la lucha contra los vicios, e incluso por lo que se refiere a la nota de “gozo” y de “deseo espiritual” con que la Regla cierra propiamente el capitulo.

    Pese a estas analogías, parece claro que San Benito no tenía a la vista el texto de los sermones de León al redactar su capitulo. Simplemente estaba tan impregnado de su doctrina cuaresmal y habia asimilado tan bien sus ideas e incluso su vocabulario, que le salian expontaneamente al tratar el mismo tema, aunque alguna vez no las aplique exactamente en el mismo sentido. Que San León predicara a seglares y San Benito escribiera para monjes, no tiene mayor importancia. Al contrario, ello constituye una nueva prueba de que la vida monástica es una manera de realizar la vida cristiana y que la doctrina sobre la perfección evangelica predicada por los Padres de la Iglesia es igualmente valida para el cristiano que vive en el mundo y para el que, siguiendo su vocación, habita en un monasterio.

Written by santaelisabeth

marzo 5, 2008 at 12:12 pm

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