Santaelisabeth

Organización de la Comunidad

    LA ORGANIZACIÓN DE LA COMUNIDAD

     

    CAPITULO 1

LOS MONJES (RB 1)

  • El Fenómeno Monástico:

    La vida monástica nació de ciertas aspiraciones religiosas y morales profundamente arraigadas en el corazón del hombre; aspiraciones a menudo vagas y carentes de energía, pero que en algunos individuos logran superar los instintos más poderosos de la naturaleza y señorear toda su existencia. Semejantes tendencias pueden reducirse a dos: la rendencia al ascetismo, que impele al hombre a puruficarse de sus faltas y librarse de sus malas pasiones, y la tendencia a la mistica, o deseo de realizar la unión con Dios. El monacato, no es más que la cristalización practica de tales tendencias y anhelos en un estilo de vida que permite y favorece su desarrollo.

    El origen de la vida monástica se pierde en la noche de los tiempos. La aparición del monacato en el seno del cristianismo está en tan espesas tinieblas, que la investigación historica no logrará jamás disiparlas del todo. Sabemos que la Iglesia Apostolica, y, sobre todo, la de los martires, poseyeron sus virgenes consagrads y sus ascetas, que se pueden y se deben considerar como los autenticos predecesores de los monjes cristianos. Practicaban el celibato; llavaban una vida pobre, austera y aislada. En la segunda mitad del siglo III, algunos de ellos, particularmente en Egipto, se retiraron al desierto. Así, según todos los indicios, se formó el monacato cristiano, sin que sea posible asignarle un fundador ni una cuna determinada.

    En el siglo IV, adquirió el movimiento monastico un auge sorprendente. La ola de profanidad y mediocridad que penetro en la Iglesia en esa epoca, contribuyó al aumento del numero de monjes. La nostalgia de la pureza evangelica de la primitiva comunidad de Jerusalén, tal como la revelan los Hechos de los Apostoles, constituye uno de los rasgos más constantes y esenciales del monacato primitivo. Se consideran los monjes como herederos y continuadores de aquella comunidad; y un hombre tan sabio y santo como Casiano lanzó la teoria de que los cenobios proceden en linea recta, y por sucesión ininterrumpida, de aquellos primeros creyentes que: “vivian todos unidos, lo tenían todo en común, vendían posesiones y bienes y los repartian entre todos según la necesidad de cada uno. Poseian un solo corazón y una sola alma“.

    En pleno siglo IV y V formaban los nuevos ascetas un movimiento de masas variopinto y, a veces, un poco caotico. Pululaban en desiertos, campiñas, aldeas y ciudades. Las formas de vida que cultivaban diferian grandemente entre sí. Al lado de lumbreras de virtud y santidad, no faltaban los soberbios, los fanaticos, o los vividores de siempre. Algunos obispos los miraban con aversión: a los buenos poque eran una critica viviente de la sociedad eclesial; a los fanaticos, por que formaban, a veces, hordas de bestias feroces. A todos ellos se acabó por llamarles, indistintamente, “monjes”. Es el nombre que les da también la Regla, además de “hermanos” fraters a partir del primer capitulo.

  • “Monachus”:

    De acuerdo con su etimología, monachós, derivado del adjetivo monos y del sufijo multiplicativo cha, che y chos, significa: “de un solo modo”, “de un solo lugar”, “simple”, “unico en su genero”, “singular”, “solitario”, etc., según el contexto.

    En la versiones griegas de la Bilblia, su significación vría según el termino original hebreo que traduce. Jahid : “único”, “sin equivalente” y tambíen: “amado”, “preferido” y también: “solitario”. En Genesisi 2,18 y tal vez en el Salmo 67,7 hay que entenderlo como: “soltero”, “celibe”.

    En el Evangelio de Tomas, el término aparece en versión copta, no en los fragmentos griegos, y como el texto original,compuesto hacia el año 140, parece que fue siríaco, o en todo caso, procedente de los ambientes asceticos de Siria. De un vocablo siríaco, probablemente Ihidaja que está relacionado con el Jahid hebreo cuyo significado es el de “separado”, “elegido” y muy especialmente “celibe”.

    Por extraño que parezca, hay que admitir un hecho literario bastante singular: entre el Evangelio de Tomás y el momento en que Eusebio de Cesarea y San Atanasio empiezan a utilizar el vocablo monachós como nombre corriente y de significado tan conocido que no precisa explicarselo a sus lectores, ningún indicio, ni en la literatura ni en los documentos de caracter privado de la epoca, nos permite observar su historia y evolución. El vacío es total. Sin embargo, tanto eusebio como Atanasio siguen dando a monachós, ya término tecnico para designar a los nuevos ascetas, el sentido de “celibe”. Mas para ambos autores, el monachóses ante todo, un imitador de Cristo y de sus discipulos en un desprendimiento que separa, pero también libera y unifica. En la literatura del siglo IV, el termino tecnico monachós significa “separado” y “celibe”.

    Monachós fue latinizado. Convertido en Monachus adquirió importancia en las letras romanas gracias a San Jeronimo que lo utiliza para expresar la condición del solitario, del apartado del trato de las gentes del mundo.

    Otros textos hecen incapié en la idea de unidad que el término, según ellos, encierra: unidad de pensamiento, unidad de proposito, unidad de conducta.

    Cuando el vocablo Monachus llegó a ocupar un lugar destacado en la Regla de San Benito, se hallaba notablemente enriquecido y calificado. Constituia una especie de titulo de nobleza espiritual. Lo habian llevado con dignidad suma numerosos personajes eminentes por su santidad y celestial sabiduría, desde San Antonio a San Honorato, San Atanasio de Alejandría, San Jeronimo, Paladio, Rufino de Aquilea, San Agustín de Hipona, San Euquerio de Lyon, Casiano y otros, rodeándolo de un halo de temas espirituales que manifestaban en lo posible el profundo misterio que entrañaba.

    El monje no era solamente el celibe, el separado, el solitario: era también el filosofo por antonomasia, el “atleta”, el “soldado” de Cristo…”que está en el mundo, sin pertenecer a él”. No busca más que las cosas del cielo, es verdaderamente ciudadano de otro mundo. Veamos los siguientes calificativos que aplica al término Filoxeno de Mabburg: renunciante, libre, abstinente, asceta, venerable, crucificado para el mundo, paciente, longanime, espiritual, imitador de Cristo, hombre perfecto, hombre de Dios, hijo querido, heredero de los bienes del Padre, compañero de Jesús, portador de la Cruz, muerto al mundo, reucitado para Dios, revestido de Cristo, hombre del espiritu, angel de carne, conocedor de los misterios de Cristo, sabio de Dios.

    En este contexto ideologico no es de admirar que monachus posea en la Regla resonancias gloriosas y exigentes. Programa de santidad para los que quieren honrarlo, constituye un reproche permanente para los que lo llevan indignamente. Monachus tiene un sentido apremiante y un valor de edificación; es un titulo que obliga, un programa. (Ver: RB 18,24-25; RB 39,7-9; RB 40,6; RB 48,8; RB 49,1).

  • Las Clases de Monjes (RB 1,1):

    Desde los principios del monacato cristiano surgieron personajes carismáticos que con sus ejemplos, sus amonestaciones, sus reglas y su prestigio fueron encauzando en lo posible aquel movimiento espiritual. Así San Antonio, San Pacomio, San Basilio, San Agustín…En consecuencia, se fueron definiendo, cada vez más, las diversas maneras de entender la vida monástica. Algunos autores empezaron a reseñar los “generos de monjes”. San Jerónimo escribió sobre el tema en el año 384; poco despues, en 388, lo utilizaba San Agustin, retocándolo un poco; mucho más adelante en 425-26, Casiano reasumía el asunto de un modo más independiente. Los tres autores distinguian tres tipos de monjes. Jeronimo y Casiano describen la vida de los cenobitas, de los anacoretas y de un tercer genero al que Jeronimo da el nombre barbaro de remnuoth, y Casiano el no menos barbaro de sarabaitae. San Agustin, por su parte, se ocupa primero tan solo de los anacoretas y cenobitas; pero más adelante tratará de otro genero de monjes, las comunidades hurbanas de “hermanos”, que él mismo había conocido en Roma y Milán. Jeronimo y Casiano satirizan y vapulean ese tercer grado de monjes. Agustín también reprende y desautoriza a cierta clase de monjes en alguna de sus obras.

    El primer capítulo de la Regla se inscribe en esta tradición de la literatura monástica. Es importante tenerlo presente al abordar su interpretación. Es tan importante desde el punto de vista constitucional como el de la humildad desde el punto de vista ascetico. Contiene, practicamente, la unica toma de posesión respecto a las condiciones concretas y a las diferentes formas del monacato contemporaneo. La Regla, con este capitulo, refleja una tradición que contaba con siglo y medio de existencia. En lo que la Regla es innovadora es al asegurar rotunadamente desde el principio que los generos de monjes no son tres sino cuatro, “como de todos es bien conocido2 (RB 1,1).

  • Los Cenobitas (RB 1,2):

    El primer genero es el de los cenobitas, afirma la Regla; y los define: cenobitas son los que viven en el monásterio, es decir, juntos, bajo la obediencia a una Regla y a un Abad. No añade nada más. En los capitulos siguientes se irá perfilando la imagen del cenobita.

    La voz “cenobita” viene del griego koinós: “común”, y bios: “vida”. Koinobiotes, deribado normal de koinobion, aparece por primera vez en Nilo de Ancira. Casiano usa la forma cenobiota, que distingue del anacoreta y del sarabaíta (Conl.18,4). Cuando la inmensa mayoria de monjes habian abrazado el cenobitismo, el término entro en desuso y fue sustituido por monachus.

    San Jeronimo (al igual que San Benito) enumera a los cenobitas en primer lugar: “el cenobio, que en su lengua gentil llaman “sahudes” y nosotros podemos traducir por “los que viven en comunidad”. (Ep.22,34); pero no dice expresamente que sea “el primero” de los generos de monjes. Sí lo dice, en cambio, Casiano (Conl.18,5). Así pues, resulta verosimil que la Regla aceptara implicitamente las tesis de Casiano, que define el cenobitismo como un genero de monjes que viven en comunidad sometidos al juicio de un “anciano” (Conl.18,4); no habla para nada de una regla. Tampoco la mencionan Jeronimo, ni Sulpicio Severo, ni Fausto de Riez al caracterizar a los cenobitas. En cambio para la Regla de San Benito y la Regla del Maestro (1,2), el cenobitismo reposa sobre dos columnas: la regla y el abad; primero una ley escrita y despues, una persona constituida en autoridad que interpreta la ley. La innovación es evidente, aunque hasta cierto punto. Los “antiguos” ya insistian en que a los “ancianos” o superiores no les es licito gobernar según su capricho, sino conforme a las tradiciones recibidas; existen pues unas normas (aunque no escritas) al lado y por encima de la autoridad de los ancianos que gobiernan las comunidades. La Regla no pretende otra cosa sino consignar por escrito las tradiciones de los ancianos. A la tradción oral sucede una tradición escrita en el regimen de las comunidades. Pero el anciano no desaparece, es insustituible.

  • Los Anacoretas o Ermitaños (RB 1,3-5):

    Los anacoretas o ermitaños, la Regla no distingue entre ambos nombres, forman, como para San Jeronimo y Casiano, el segundo genero.

    Anacoretas: del termino griego anachoretés, “el que vive aparte”. Es curioso comprobar que el verbo anachorein, “retirarse”, habia adquirido, en la epoca imperial y sobre todo en egipto, el significado preciso de “retirarse al desierto” con objeto de escapar de los impuestos y otras obligaciones civiles y militares que pesaban sobre los campesinos. San Jeronimo latinizó el termino en anachoreta (Ep.22,34). Casiano también lo usa,y, como en la Regla, es sinonimo de Heremita; pero no llega a ser un vocablo de uso corriente y se reserva para los grandes y prestigiosos ascetas orientales.

    Eremitas: del griego eremites, habitante del éremos, “desierto”. Poco usado en la lengua monastica se latiniza en eremita y alcanza enorme difusión en la edad media.

    Los anacoretas o ermitaños, son hijos legitimos de los cenobitas, puesto que obligatoriamente se han formado en el cenobio. Son monjes que, por así decirlo, han superado el nivel común y pueden acceder al combate singular del desierto. La idea de lucha, el tema de la militia christiana, domina en estas pocas lineas. El monasterio es considerado una especie de academia militar donde tienen que formarse necesariamente las unidades especiales de los anacoretas. La comunidad de los hermanos, como un ejercito, no replegado en sus cuarteles, sino en campaña (acies) en combate activo y continuo contra el mal. Los ermitaños salen de sus filas ya bien “instruidos”, “equipados” y “armados”, que son los diversos sentidos de instructi. La vida del desierto se enfoca desde este punto de vista unilateral y castrense: como un combate individual. Adviertase también que se citan concretamente como enemigos especiales de los solitarios “los pensamientos”, esto es: pensamientos, impulsos, pasiones, vicios…

  • Los Sarabaitas (RB 1,6-9):

    Son, para la Regla, los monjes “malos” o pseudomonjes. Sarabaita se compone de sar, “disperso”, y abet, “monasterio”, ambos vocablos coptos, y significaría: disperso con relación al monasterio. Como da a entender Casiano, a los sarabaitas se les llamó de este modo porque se desconectaban de las comunidades cenobiticas para atender por si mismos a sus necesidades (Conl.18,7). Casiano y San Jeronimo se vuelcan en toda clase de descalificaciones para este tipo de monjes: farsantes, infieles, herejes, tragones… La Regla conserva cierta moderación en su critica que es, aun aí, bastante dura. Y posiblemente injusta por generalizar de un modo tan absoluto. Que entre aquellos monjes hubiera vividores e hipocritas es posible y moralmente seguro ¿donde no se dan?. Pero condenar en bloque toda una manera de servir a Dios en la vida ascetica es cosa muy diferente. Posiblemente los sarabaitas no eran cenobitas degenerados sino, la natural evolución del ascetismo premonastico.

  • Los Giróvagos (RB 1,10-11):

    La misma observación vale para la despiadada critica del cuarto genero de monjes: los giróvagos. Cierto que siempre hubo hipocritas bajo el habito monastico. San Agustin los conoció muy bien: nunca comisionados, nunca fijos ni domiciliados, embaucadores, negociantes, pedigüeños… Agustín les llama, como todo el mundo en su tierra, circumcelliones, por que van de un monasterio (cella) a otro. La Regla les designa un nombre hibrido, compuesto del griego gyros y del latin vagus, y los despacha con pocas palabras calificandolos como: “los peores en todo”(1,11).

    No obstante, hay que decir, que los antepasados espirituales de los giróvagos se remontan hasta los mismos origenes de la iglesia. Los “apostoles”, “profetas” y “doctores” no eran otra cosa que giróvagos, sin patria, sin hogar, sin morada estable. Eran predicadores ambulantes.

    Girovagos: Monjes que habian tomado muy en serio la imitación de Cristo, que no tenía donde reclinar su cabeza (Lc 9,5); solo o en pequeños grupos, iban de un lugar a otro sin rumbo fijo, practicaban la más estricta pobreza, vivian de lo que les daban o de las hierbas que encontraban por el camino.

  • Conclusión (RB 1,12-13):

    La Regla excluye expresamente de sus planes tres de las cuatro clases de monjes que acaba de presentar. Solo se interesa por los primero, que califica de fortissimum genus.

    Mientras que de los girovagos (y seguramente los sarabaitas) “vale más no hablar”, dice la Regla, sobre los ermitaños no se pronuncia explicitamente. Posiblemente los considera un genero de monjes legitimo, con tal que sean verdaderos anacoretas, es decir, que se hayan formado bien en el cenobio, como se deduce de la descripción que de ellos ha hecho.

    A la pregunta de si San Benito considera la vida eremitica inferior o superior a la cenobitica; de si admitiría que un monje abandonase legitimamente el monasterio para vivir en soledad; se podría decir:

    – En la tradición monastica la vida anacoretica representaba la realización más perfecta del estado monástico. Casiano, por ejemplo, colocaba en la cuspide de la vida monástica no a los cenobitas, sino a los anacoretas.

    – El cenobio es una escuela cuya misión es “engendrar elegidos para el cielo”. La “anacoresis” es, para la sociedad cenobitica, el más allá que le da sentido.

    – No obstante, parece ser que, para San Benito, el paso del cenobio al eremitismo no es el camino normal para el monje. Esto no se excluye, pero queda un poco al margen de las perspectivas de la Regla.

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Written by santaelisabeth

diciembre 3, 2007 a 1:14 pm

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